Green
El clásico. Herbáceo, denso y con el amargor justo.
- Té base
- Matcha japonés (té verde)
- De dónde viene el color
- Clorela y espinaca
Matcha no es un color ni un sabor: es una manera de beber el té. La hoja entera, molida hasta convertirse en polvo, batida en el agua. Nosotros hemos llevado ese método a seis tés distintos.
Matcha significa literalmente «té molido». No nombra una planta ni un color: nombra un método. Por eso lleva más de ochocientos años funcionando, y por eso puede aplicarse a cualquier té.
Metes la hoja en agua, esperas y tiras la hoja. Te bebes lo que el agua ha logrado sacarle.
La hoja ya es polvo. No se infusiona: se disuelve. Te bebes la hoja entera, no su sombra.
Las últimas semanas la planta crece cubierta. La hoja se vuelve más oscura y más tierna.
Un golpe de vapor detiene la oxidación y fija el color de la hoja.
Se apartan tallos y nervios. Queda únicamente la parte tierna.
Molido finísimo, hasta un polvo que queda en suspensión en el agua en vez de posarse.
El oolong, el té amarillo, el negro, el pu-erh y el blanco salen todos de la misma planta que el verde: Camellia sinensis. Lo que cambia es la oxidación de la hoja. Y con ella cambian el color y el sabor.
Así nacieron los seis. Cada mezcla parte de un té molido y suma botánica real —flor, raíz, fruta o especia— que le da su color. El té pone el fondo; la botánica, el color.
Verde, blanco, amarillo, oolong, negro y pu-erh salen todos de la misma planta: Camellia sinensis. Lo que los separa es cuánto se deja oxidar la hoja después de recogerla. De ahí vienen el color y el sabor de cada uno.
El pu-erh va aparte a propósito: no sólo se oxida, fermenta con el tiempo. Es otro proceso, y por eso lo separamos en la escala.
El clásico. Herbáceo, denso y con el amargor justo.
Suave y floral. El azul más improbable que cabe en una taza.
Especiado y cálido, con canela, cardamomo y jengibre.
Profundo y tostado. Negro de verdad, no marrón oscuro.
Terroso y afrutado a la vez. El rosa sale de la raíz.
El más delicado. Cremoso, con canela y vainilla.
El Green parte de matcha japonés de té verde. Los otros cinco parten de oolong, té amarillo, té negro, pu-erh y té blanco.
Buena parte de lo que se vende como «matcha azul» es flor de guisante mariposa molida y poco más: bonita, pero sin una hoja de té dentro. Nosotros partimos siempre de un té. Si no hay té, no hay matcha: sólo hay color.
Matcha quiere decir «té molido», así que los seis se hacen con el mismo método: un té molido que se bate en el agua en lugar de infusionarse. El Green parte de matcha japonés de té verde; los otros cinco parten de oolong, té amarillo, té negro, pu-erh y té blanco.
De botánica real, nunca de colorantes: flor de guisante mariposa y espirulina para el azul, remolacha y pitaya para el rosa, cúrcuma y calabaza para el amarillo, cacao y carbón vegetal para el negro.
No, y ahí está la gracia. Cada té base tiene su carácter: el pu-erh es terroso, el oolong floral, el té blanco delicado. Sólo el Green tiene el perfil herbáceo del matcha clásico.
No. Ninguna mezcla lleva azúcares añadidos ni aditivos. Los azúcares que aparecen en la tabla nutricional son los naturalmente presentes en la fruta y la verdura.
Una cucharadita (2 g) en 120 ml de agua a unos 80 °C. Bátelo con el chasen hasta que no queden grumos y añade 120 ml de la leche que prefieras.
Seis tés, seis colores, el mismo método.